El libro en pocas palabras
Escrito en nueve días en 1946, al volver de los campos de concentración, El hombre en busca de sentido ha vendido más de 16 millones de ejemplares y figura entre los libros más influyentes del siglo veinte. La tesis de Viktor Frankl cabe en una frase: lo que mantiene en pie a un ser humano, incluso en lo peor, es el sentido que da a su existencia.
Psiquiatra vienés deportado a Auschwitz y luego a Dachau, Frankl perdió allí a su mujer, a sus padres y el manuscrito de su obra. Trajo de vuelta un testimonio único, mitad relato de supervivencia, mitad fundación de una escuela de psicoterapia: la logoterapia.
La logoterapia
Para Frankl, la búsqueda de sentido es el motor primero del ser humano, por delante de la búsqueda del placer o del poder. Es esa voluntad de sentido la que nos mantiene en pie. Privar a la existencia de significado crea un vacío interior, fuente de malestar. La logoterapia, la corriente que fundó, ayuda a cada uno a descubrir la misión que solo a él le pertenece. Porque encontrar un porqué hace soportable casi cualquier cómo.
Frankl sitúa su descubrimiento frente a las dos grandes escuelas vienesas: donde Freud veía en el hombre una voluntad de placer y Adler una voluntad de poder, él observa una voluntad de sentido, más profunda que ambas. Su prueba más íntima: en los campos, lo que lo mantuvo en pie fue la necesidad de reconstruir, en trozos de papel robados, el manuscrito confiscado a su llegada. El sentido nunca es abstracto: es una tarea concreta que espera a una persona precisa, en un momento preciso.
Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.
La última de las libertades
Frankl atravesó la prueba de los campos, donde todo podía serle arrebatado al hombre, salvo una cosa. Entre lo que la vida nos impone y nuestra respuesta subsiste un espacio, y en ese espacio reside nuestro poder. No siempre controlamos las circunstancias, pero conservamos la libertad de elegir nuestra actitud frente a ellas. Incluso despojado de todo, el ser humano conserva una dignidad interior que nadie puede quitarle.
Frankl cuenta que incluso en Auschwitz algunos hombres recorrían los barracones consolando a los demás y regalando su último trozo de pan. Pocos, dice, pero prueba suficiente. También refiere una observación estremecedora: entre la Navidad de 1944 y el Año Nuevo de 1945, la mortalidad del campo se disparó, no por agotamiento repentino, sino porque miles de prisioneros habían puesto su esperanza en una liberación antes de las fiestas. Cuando la esperanza muere, el cuerpo la sigue. La libertad interior no es un lujo de filósofos: decide la supervivencia.
Se le puede quitar todo a un hombre salvo una cosa: la libertad de elegir su actitud.
Tres caminos hacia el sentido
El sentido no es una idea abstracta: se descubre de forma concreta, de tres maneras. Primero por la acción, realizando una obra o una tarea que nos supera. Después por el amor, entregándonos a otra persona y ayudándola a realizarse. Por último, por la actitud adoptada frente a un sufrimiento inevitable, cuando el destino ya no puede cambiarse. Entonces incluso la prueba se convierte en una ocasión para crecer y dar testimonio.
El ejemplo más célebre del libro ilustra el tercer camino. Un médico anciano, inconsolable desde la muerte de su esposa, acude a la consulta de Frankl. Este le pregunta: ¿qué habría pasado si usted hubiera muerto primero? Ella habría sufrido terriblemente, responde el médico. Frankl concluye: ese sufrimiento le ha sido ahorrado, y es usted quien lo lleva en su lugar. El hombre no dice nada, estrecha la mano del psiquiatra y sale en paz. Nada ha cambiado, salvo el sentido dado al dolor.
Cuando ya no podemos cambiar una situación, el desafío es cambiarnos a nosotros mismos.
El vacío existencial
Ya en los años 50 Frankl describió un mal muy actual: el aburrimiento profundo y la sensación de absurdo que aparecen cuando ninguna tarea nos llama, la famosa neurosis del domingo. Cuando falta el sentido, el ser humano compensa con la carrera por el placer, el poder o la distracción. La pregunta no es qué espero yo de la vida, sino qué espera la vida de mí.
Frankl explica el origen de ese vacío: a diferencia del animal, ningún instinto le dice ya al hombre lo que debe hacer; a diferencia de nuestros antepasados, ninguna tradición se lo dice tampoco. Privado de ambas guías, el hombre moderno oscila entre el conformismo (hacer lo que hacen los demás) y el totalitarismo (hacer lo que le ordenan). Frankl retoma el péndulo de Schopenhauer: la existencia oscila entre la angustia cuando falta de todo y el aburrimiento cuando se tiene todo, y hoy el aburrimiento lleva al psiquiatra más casos que la angustia.
El vacío no se llena con distracción, sino con una tarea que nos llama.
El optimismo trágico
Frankl no predica el pensamiento positivo: propone decir sí a la vida a pesar de la tríada trágica del sufrimiento, la culpa y la muerte. Cuando un sufrimiento es inevitable, queda la libertad de transformarlo en logro mediante la actitud que adoptamos ante él. Es lo contrario de la negación: mirar lo peor de frente y aun así elegir responder con dignidad.
En un texto añadido en 1984, Frankl precisa que este optimismo no se ordena: no se puede obligar a nadie a ser optimista, como no se le puede obligar a reír; solo se le puede dar una razón. Su fórmula: sacar lo mejor de cada situación transformando el sufrimiento en logro, la culpa en ocasión de mejorar y la brevedad de la vida en acicate para actuar ahora. A quienes objetan que todo termina, responde que, al contrario, nada del pasado se pierde: lo vivido queda guardado para siempre.
Se puede decir sí a la vida incluso cuando ella no dice sí de vuelta.
Para quién es este libro
Este libro es para ti si atraviesas una prueba que parece carecer de sentido, si el éxito material te deja un vacío inexplicable o si buscas un texto breve que devuelva al instante tus problemas a su escala real. Habla a quienes están de duelo, a los agotados y a los estudiantes que buscan dirección. Pasa de largo si esperas un método de diez pasos: Frankl ofrece una brújula, no una lista de tareas.
Las portadas mostradas difieren de las ediciones originales por motivos de derechos. Los resúmenes se basan fielmente en las obras.