El libro en pocas palabras
Publicado en 2014 con el título original The Body Keeps the Score y editado en español por Eleftheria en 2015, El cuerpo lleva la cuenta se ha convertido en una referencia mundial sobre el trauma. El psiquiatra Bessel van der Kolk recoge en él décadas de trabajo clínico e investigación con veteranos, víctimas de violencia y niños maltratados. El libro ha vendido más de tres millones de ejemplares y ha pasado años en la lista de más vendidos del New York Times.
Su tesis: el trauma no se queda en el pasado, sigue vivo en el cerebro y en el cuerpo. Estas son las cinco ideas clave del libro, lo que la investigación confirma y lo que sigue en debate.
Un cerebro siempre en alerta
Bessel van der Kolk empezó su carrera de psiquiatra tratando a veteranos de Vietnam. De ahí sacó una conclusión que recorre todo el libro: para una persona traumatizada, el peligro nunca termina del todo. La amígdala, que él compara con un detector de humo, se dispara ante la mínima señal que recuerde el suceso, mientras que las zonas frontales encargadas de evaluar la situación y apagar la alarma pierden influencia.
El autor se apoya en estudios de neuroimagen realizados con sus colegas. Cuando los pacientes revivían su recuerdo traumático, el área de Broca, implicada en el lenguaje, mostraba menos actividad. De ahí la experiencia que describen tantas víctimas: un terror sin palabras, la imposibilidad de contar lo que pasó. Para van der Kolk, estas reacciones no son una debilidad de carácter, sino una adaptación del cerebro para sobrevivir que deja de ser útil cuando el peligro ya ha pasado.
El trauma no es solo un recuerdo doloroso: es una alarma que ya no se apaga.
El cuerpo guarda la huella
El título resume la segunda idea del libro: el trauma se graba en el cuerpo. Para dejar de sentir el miedo y la vergüenza, muchas personas traumatizadas acaban desconectándose de sus sensaciones. Viven en su cabeza, les cuesta identificar lo que sienten y a veces se notan ajenas a su propio cuerpo. Van der Kolk insiste en la interocepción, la capacidad de percibir lo que ocurre dentro de uno mismo, que considera la base de la conciencia de sí.
Cita ampliamente el estudio ACE, realizado en Estados Unidos con más de 17.000 adultos. Muestra que cuantas más experiencias adversas ha vivido una persona en la infancia, como maltrato, abandono o violencia en casa, mayor es su riesgo de depresión, adicción y enfermedades físicas en la edad adulta. Son asociaciones estadísticas, pero el autor ve en ellas la prueba de que la historia de alguien también se lee en su salud.
Lo que la mente intenta olvidar, el cuerpo suele seguir expresándolo.
El trauma en la infancia
Buena parte del libro trata de los niños. Basándose en la teoría del apego, van der Kolk recuerda que un niño aprende a calmar sus emociones gracias a los adultos que lo cuidan. Cuando esos adultos son la fuente del peligro, o simplemente no están, esa base de seguridad no llega a formarse. El niño puede crecer con un sistema de alarma desajustado, problemas de concentración, ataques de ira o una profunda desconfianza hacia los demás.
Según el autor, estos niños suelen recibir varios diagnósticos por separado (hiperactividad, trastornos de conducta, trastornos del estado de ánimo) sin que nadie reconozca la causa común. Junto con otros investigadores, propuso crear el trastorno traumático del desarrollo para describir este cuadro. La propuesta no se incluyó en el DSM-5, el manual de referencia de la psiquiatría estadounidense publicado en 2013.
Un niño sin seguridad no aprende a calmarse: aprende a sobrevivir.
Una memoria que revive en lugar de narrar
Para van der Kolk, la memoria traumática no funciona como la memoria normal. Un recuerdo corriente se transforma con el tiempo y se integra en la historia que nos contamos sobre nuestra vida. El recuerdo traumático, en cambio, quedaría fragmentado: imágenes, olores, sensaciones o emociones intensas, sin un relato coherente. Activados por un ruido o una situación, esos fragmentos se reviven en presente, como si el suceso volviera a ocurrir. Así funciona un flashback.
El autor extrae de ello una consecuencia para la terapia: contar tu historia una y otra vez no siempre basta, e incluso puede reavivar el malestar. Lo importante es ayudar a la persona a sentirse a salvo en el presente, para que el recuerdo pase por fin a ser pasado. Aun así, esta visión de la memoria es uno de los puntos del libro más discutidos por los investigadores.
Sanar es permitir que el pasado vuelva a ser pasado.
Sanar a través del cuerpo, no solo de la palabra
Como el trauma vive en el cuerpo, van der Kolk defiende métodos que trabajan a través del cuerpo tanto como de la palabra: el EMDR, que combina el recuerdo con movimientos oculares, el yoga adaptado al trauma, el neurofeedback, el teatro o el modelo de los sistemas de familia interna (IFS). Se muestra más reservado con los medicamentos usados por sí solos, que alivian los síntomas sin tratar siempre la causa.
Estas vías no tienen el mismo nivel de evidencia. El EMDR figura entre los tratamientos recomendados por la Organización Mundial de la Salud para el estrés postraumático, igual que las terapias cognitivas centradas en el trauma. El yoga y el neurofeedback se apoyan en estudios más limitados. El hilo común está claro: recuperar la sensación de seguridad, volver a habitar tu cuerpo y reconectar con los demás, con la ayuda de un profesional formado.
Entender tu trauma no basta: también hay que aprender a sentirlo de otra manera.
Para quién es este libro
Este libro es para ti si quieres entender por qué algunas experiencias siguen pesando en el cuerpo y en las emociones mucho tiempo después, ya sea por ti, por alguien cercano o por tu trabajo. Da sentido a reacciones que a menudo se malinterpretan y abre muchas vías de cuidado. Lee con espíritu crítico sus pasajes más categóricos, y tómalo como un complemento, nunca un sustituto, del acompañamiento de un profesional de la salud.
Las portadas mostradas difieren de las ediciones originales por motivos de derechos. Los resúmenes se basan fielmente en las obras.