Sé impecable con tus palabras
Para Don Miguel Ruiz, la palabra es la herramienta más poderosa de la que dispones: puede crear o destruir. El primer acuerdo te pide usar tus palabras con integridad, sin hablar mal de nadie ni denigrarte. Cada palabra es una semilla plantada en tu mente y en la de los demás.
Este trabajo empieza por el diálogo interior. Dejar de juzgarte ya es romper con la "domesticación", ese condicionamiento recibido desde la infancia que te hace repetir creencias limitantes sin haberlas elegido.
En concreto: antes de hablar, pregúntate si tus palabras van en la dirección de la verdad y del amor, o si propagan lo que Ruiz llama "veneno emocional".
Vigila tus palabras, hacia los demás y hacia ti mismo: dan forma a tu realidad.
No te tomes nada personalmente
El segundo acuerdo es probablemente el más liberador: nada de lo que hacen los demás va dirigido contra ti. Sus palabras y sus actos son la proyección de su propio sueño, de sus heridas y de sus creencias.
Cuando alguien te critica, habla de sí mismo, no de ti. Lo mismo ocurre con los cumplidos. Al dejar de tomarte las cosas personalmente, te vuelves inmune al veneno emocional de los demás.
Esta postura requiere entrenamiento, pero transforma tus relaciones: menos conflictos inútiles, menos necesidad de aprobación y una libertad interior duradera.
Las opiniones de los demás hablan de ellos, no de ti: deja de tomártelas personalmente.
No hagas suposiciones, haz siempre tu máximo esfuerzo
Los dos últimos acuerdos funcionan juntos. No hacer suposiciones es atreverte a preguntar en lugar de imaginar lo que piensa el otro. La mayoría de los conflictos nacen de interpretaciones nunca verificadas: inventamos una historia y luego nos la creemos.
Hacer tu máximo esfuerzo es el motor de los otros tres acuerdos. Tu "máximo" cambia de un momento a otro, según tu salud, tu cansancio o tu estado de ánimo: lo importante es actuar sin exigirte de más ni sentirte culpable por hacer menos. Al hacer simplemente lo mejor que puedes, desarmas al juez interior y a la autocrítica.
Comunicación clara por un lado, acción constante por el otro: ese es el dúo que hace aplicables los acuerdos en el día a día.
Pregunta en lugar de suponer, y júzgate por el esfuerzo sincero y no por la perfección.
Las portadas mostradas difieren de las ediciones originales por motivos de derechos. Los resúmenes se basan fielmente en las obras.